Neurociencia al servicio del Liderazgo:
Tu cuerpo puede potenciar tu cerebro y tu liderazgo
En la última década los estudios sobre neurociencia han revelado grandes avances en el dialogo interior mente-cuerpo y sus aplicaciones a distintos ámbitos de la vida. Llevamos años sabiendo que los pensamientos y las emociones influyen en nuestro cuerpo, pero ¿podemos darle la vuelta a la ecuación?, ¿puede nuestro cuerpo influir en nuestro pensamiento y en nuestras emociones? ¿Podemos usar nuestro cuerpo para liderar mejor? La respuesta a estas preguntas es un rotundo sí avalado por la ciencia.
Tradicionalmente nos han enseñado que el ser humano disponía de cinco sentidos como puertas de información: vista, oído, olfato, gusto y tacto, cuando en realidad contamos con siete, siendo los dos más desconocidos los más importantes para enviar información al cerebro: la interocepción y la propiocepción.
La interocepción es la capacidad de percibir y entender las señales internas de nuestro cuerpo. Es ese “sexto sentido” que nos permite estar en sintonía con procesos internos, como la respiración, los latidos del corazón, el hambre, la sed o las emociones. Por ejemplo, cuando sientes un nudo en el estómago antes de una presentación, eso es interocepción en acción: estás notando la respuesta de tu cuerpo al nerviosismo La interocepción es prioritaria para nuestro cerebro porque es la información que le llega de lo que sucede dentro de nuestro organismo, en base a ella interpreta lo que necesita nuestro cuerpo y actúa en consecuencia.
La propiocepción es la información que llega al cerebro de los gestos de mi cara o de la postura corporal, si estoy sentada, de pie o pierdo el equilibrio. Son las sensaciones que recibe mi cerebro según mi postura y mis gestos.
A estas alturas, quizás este preguntándote, y todo esto, ¿Qué tiene que ver con mi liderazgo?.
Imagina esta escena: estás en una reunión clave, tu equipo espera una decisión firme ante una situación crítica y, de repente, sientes ese nudo en el estómago, las palmas sudorosas y una voz mental que te susurra: «¿Y si me equivoco?»…
Es obvio que tu cuerpo está reaccionando al estrés, pero a lo mejor no somos tan conscientes de que a la vez, el cuerpo está moldeando nuestra capacidad para liderar en ese preciso instante. Es fascinante la estrecha conexión entre cuerpo y cerebro, que, como entidades interconectadas, trabajan de la mano, influyendo cada uno en el rendimiento del otro. La neurociencia ha demostrado que ese binomio cuerpo-cerebro es una autopista de doble sentido, donde el cerebro envía información a nuestro cuerpo, pero a la vez nuestros órganos envían constantemente información al cerebro, modificando su estructura y su función. Es decir: no solo pensamos con el cerebro, sino con todo el cuerpo.
La gran noticia es que podemos aprovechar esa interconexión cuerpo-mente para potenciarnos, para liderar mejor, y abrimos a un nuevo mundo de posibilidades.
Veamos 5 líneas de trabajo que nos pueden ayudar en nuestra faceta de líderes.
- Posturas y Liderazgo, cuando «estar erguido» es más que un dicho.
Todos sabemos la importancia del lenguaje corporal, de lo que inconscientemente podemos trasmitir a los demás. Si alguien entra en nuestro despacho con los hombros hundidos y la cabeza gacha, antes de que pronuncie una palabra, su cuerpo ya nos ha enviado un mensaje: viene derrotado e inseguro. Lo interesante no está en leer ese lenguaje corporal en los demás, sino entender que nuestra postura influye, no solo en cómo nos perciben los demás, sino en nuestra propia química cerebral, que modula nuestro estado de ánimo; dicho de otra manera, nuestro cerebro se anticipa y lee, antes y mejor, nuestro propio lenguaje corporal y actúa en consecuencia.
Las llamadas «posturas de poder» o posturas expansivas, aumentan la producción de testosterona y oxitocina (asociada a la confianza) y reducen el cortisol y la adrenalina (hormona del estrés). Pero, además, la postura corporal altera literalmente la actividad de la amígdala (el centro del miedo) y el córtex prefrontal (centro de la toma de decisiones. ¡Y esto, tan técnico e interesante, ¿cómo puedo lo aplico en mi vida diaria?.
Empieza por cuidar tu postura, al estar erguidos con los hombros hacia atrás y la cabeza alta, nuestro cerebro recibe señales que favorecen la confianza y la seguridad. No solo trasmites apariencia de seguridad, tu cuerpo te hace sentir seguro, es pura ciencia. Alinear nuestra columna vertebral, pecho al frente, mirada firme y pies bien plantados, es decirle al cerebro: «Estamos listos para lo que venga». La famosa «postura de poder» no es solo para verla en las películas de acción, es una herramienta cognitiva real que podemos aprovechar para nuestro liderazgo.
Apoyar bien nuestros pies en el suelo (en lugar de cruzar las piernas o balancearse) envía señales de estabilidad a nuestro cerebro.
Así que, si antes de una reunión importante o una decisión critica alguien te “pilla” en postura de “superhéroe”, di que estas aprovechando tu “neuroplasticidad postural”, además de quedar como un experto en neurociencia, te habrás preparado mejor para afrontar la situación.
- La respiración: nuestro botón de reinicio portátil.
Sabemos que, cuando estamos bajo presión, nuestra respiración se vuelve agitada, rápida y superficial, lo que activa nuestro sistema nervioso simpático de forma automática, y prepara nuestro cuerpo para la acción, entramos en modo reactivo, para la “lucha o huida” y, en estos casos, como se priorizan los mecanismos de supervivencia, se reduce nuestra capacidad de pensar de manera clara y estratégica. Aquí es donde entra la necesidad de una respiración profunda y serena para revertir el proceso.
Esta respiración pausada y profunda nos relaja y tranquiliza, estimula el sistema nervioso vagal o parasimpático, que es el responsable de la calma y recuperación del organismo después del estrés.
Practicar esta respiración, no solo calma el estrés, sino que mejora la oxigenación cerebral y la claridad mental (imprescindible para un líder ante decisiones difíciles). Saber respirar correctamente en momentos de estrés puede ser la diferencia entre tomar una decisión impulsiva o una respuesta adecuada.
Así que, la próxima vez que estés a punto de tomar una decisión trascendental, entrar en una reunión importante, o enfrentar un momento tenso, no dudes en hacer una pausa, y respirar serenamente. Se trata de hacerlo de forma natural, tratando de soplar de forma continuada y serena, hasta que salga todo el aire acumulado en nuestros pulmones, y después empezar a tomar aire por la nariz muy despacio hasta notar que el abdomen aumenta toda su capacidad, aguantar un poco reteniendo el aire y volver a soplar por la boca muy despacio hasta expulsar todo el aire. Como indica la Doctora Santos, presidenta del Instituto Español de Resiliencia, neuropsiquiatra y mi referente en temas de neurociencia, esta manera de respirar, natural y profunda, de forma pausada, equivale a tomar un ansiolítico, ya que frena la hiperventilación del estrés y envía un mensaje claro al cerebro: “aquí no hay peligro”. Este sencillo ejercicio nos permite tomar mejores decisiones desde la calma y pensar con claridad. Respirar con serenidad no solo beneficia nuestra salud emocional y nuestra calma, también inspira confianza en los demás porque, ¿quién seguiría a un líder que respira como si acabara de escapar de un oso furioso, o como un toro que acaba de salir al ruedo?.
- Movimiento y Creatividad. “Piensa con los pies”
El movimiento es también una gimnasia cerebral. Caminar no solo es bueno para la salud, sino que también mejora nuestra capacidad de pensamiento divergente. Estudios de la Universidad de Stanford han revelado que caminar aumenta la creatividad hasta en un 60%, ya que el movimiento activa redes neuronales asociadas con la ideación y la resolución de problemas.
El movimiento activa el factor neurotrófico derivado del cerebro, más conocido como BDNF, una proteína llamada neurotrofina, con un papel esencial en procesos del aprendizaje, la memoria y el pensamiento, podríamos decir que es como un “fertilizante de neuronas” que se activa en cada paso. Además el movimiento sincroniza nuestro ritmo cardiaco con la actividad cortical (traducción para los mortales: nos ayuda a pensar en tiempo real).
Desde esta perspectiva el ejercicio no es algo bueno o un lujo, es un mantenimiento cerebral imprescindible. Y para aplicar esto a nuestra vida gerencial comparto contigo algunas ideas que podrían ser útiles:
- Implementa algunas reuniones caminando con tu equipo, pues como decíamos antes, caminar despierta la creatividad más que si estamos sentados.
- Si trabajas en tu computadora, levántate cada 45 o 60 minutos, tu cerebro agradecerá enormemente el movimiento y el “reseteo postural”.
- Cuando enfrentes un dilema en el trabajo, situación difícil o problema, levántate y camina mientras piensas en la solución.
- Cuando sientas que el estrés te está ganando, una breve caminata podría ser una buena herramienta para reconectar con tu mejor versión de líder.
- Otro aliado del liderazgo: El intestino, tu “segundo cerebro”
Todos sabemos que el cerebro funciona mejor con una dieta equilibrada, lo que comemos tiene un impacto directo en nuestro rendimiento cerebral.
Estudios recientes, nos han abierto una nueva dimensión, al identificar que el 90% de la serotonina (la hormona del bienestar) se produce en el intestino. Por eso, un líder estresado y con digestiones pesadas es una mala combinación para la toma de decisiones. Es fundamental que tu cerebro reciba los insumos adecuados. Elige bien tu comida y tus colaboradores te lo agradecerán mucho, así que te dejo aquí algunos consejos «neurodigestivos»:
- Recuerda, tu microbiota influye en tu estado de ánimo: si te comes una dona en un momento de crisis y reaccionas fuera de control, no culpes solo a la ansiedad… tu flora intestinal también votó a favor, así que aumenta tu dosis de fibra y probióticos (kefir, chucrut…) que te harán sentir mejor.
- Toma alimentos ricos en ácidos grasos omega-3, antioxidantes y vitaminas esenciales: pescado azul, frutos rojos, frutos secos, frutas y verduras, esto te puede ayudar a mejorar la memoria, la concentración y la agilidad mental. Si en lugar de eso te alimentas de comida rápida y refrescos azucarados, puede ser que tu cerebro se quede un poco «apagado».
- Dormir: Cuando el cerebro se desintoxica y recarga baterías.
Durante el sueño nuestro cerebro se recupera, podríamos decir que mientras dormimos nuestro cerebro entra en “modo limpieza”: el sistema glinfático elimina toxinas como la proteína beta-amiloide (asociada al estrés cognitivo). Por eso dormir mal = líder con «cerebro nublado».
Efectivamente es así y lo tenemos bien experimentado, la falta de sueño no solo afecta a nuestra energía, sino que también puede interferir con nuestra capacidad para regular las emociones y tomar decisiones racionales, si no hemos dormido bien, estamos más emotivos, susceptibles, irritables y reactivos, y podemos explotar con mayor facilidad.
Así que todo buen líder debe entrenarse para dormir bien, ha de procurar contar con un sueño de calidad, Si duermes mal, haz tu plan para cambiar ese hábito, hay varios consejos que quizá puedan ayudar:
- Dejar las pantallas de tabletas, móviles, laptop, televisión, etc. al menos una hora antes de irte a la cama.
- Usar calcetines, si es en serio, regular la temperatura de los pies nos puede ayudar a mejorar el inicio del sueño.
- Practicar la respiración serena y profunda de la que antes hablábamos a la hora de irte a la cama.
- Poner alguna música o sonido blanco que te ayude a relajarte.
- Recitar algún mantra que te ayude a concentrarte, etc.
Por último, y no por ello menos importante, si ante una situación difícil o problema frunzo el ceño estoy enviando a mi cerebro información de que algo no va bien y de forma automática se activa la amígdala cerebral para segregar esos neurotransmisores para reaccionar (cortisol o adrenalina) y este gesto continuado provocará mayor nivel de estrés. Aunque pueda parecer paradójico, en esas situaciones tu mejor herramienta es una sonrisa, cuando sonreímos, aunque sea sólo de forma física, la información que recibe nuestro cerebro es de bienestar, se activan los circuitos de recompensa. Por eso una sonrisa en eso momentos, puede mejorar tu liderazgo al trasmitir seguridad y optimismo al equipo, a la vez que te aporta la dosis de bienestar que necesitas.
Ser un líder excepcional no es solo cuestión de mente, sino de saber integrar el cuerpo como un recurso estratégico. Desde la postura hasta la alimentación, cada acción física tiene el potencial de amplificar nuestras capacidades mentales.
La próxima vez que enfrentes un desafío de liderazgo, recuerda: tu cuerpo es tu mejor aliado. Porque un buen líder no es solo el que sabe hacia dónde ir, sino también el que sabe cómo potenciar a su cuerpo y mente juntos hacia la meta. No solo has de pensar como un líder, sino muévete, respira y hasta duerme como uno de ellos. Tu cerebro (y tu equipo) notarán la diferencia.
Para que este pueda ser un documento vivo, ¿Qué otras «practicas corporales” usas para liderar mejor? Comparte tus experiencias en los comentarios y así juntos iremos enriqueciendo estas ideas para que nuestro cerebro y nuestro cuerpo sean ese motor imparable que nos hace ser mejores.
